Delfino: "No me llames Manu"

Por JACK MCALLUM, SI LATINO
Posted: 2008-02-12 15:55:27
Filed Under: SI Latino
Un estudiante de idiomas haría bien en escuchar a Carlos Delfino durante un partido de la NBA. Cuando el alero argentino de los Toronto Raptors inicia un contraataque con el base T.J. Ford, el grito para pedirle el pase a su compañero le sale en inglés, idioma que aprendió por necesidad. Si el que lleva el balón es el ibérico José Calderón, suplente de Ford, Delfino pegará el grito en español. Y si Delfino necesita llamar la atención del alero de Toronto Andrea Bargnani, puede recurrir al italiano, ya que jugó cuatro años en el país de la bota.

"No pienso mucho en eso. Casi siempre me sale bien", dice Delfino, de 25 años, quien no desperdicia oportunidad de sacar ventaja de su dominio idiomático. Durante un juego contra Houston en diciembre, la estrella de los Rockets Tracy McGrady puso cara de signo de interrogación mientras Delfino y Calderón usaban la lengua de Cervantes para planear una jugada frente a sus narices. "¿Entendiste, T-Mac?", preguntó irónicamente Delfino. (A veces le sale el tiro por la culata: jugando con Argentina ante Estados Unidos, el Cabezón no se percató de que Kobe Bryant entiende perfectamente el español).

El baloncesto ha convertido a Delfino, como a tantos otros jugadores latinoamericanos, en un ciudadano del mundo. Ha seguido (aunque sin proponérselo) el camino trazado por su compatriota Manu Ginóbili, compañero de la Selección Argentina que conquistó la medalla de oro en las Olimpíadas 2004. Ambos se formaron en la liga argentina para luego emigrar a Italia y, de ahí, a la NBA. Así, Ginóbili se convirtió en una estrella mundial que ganó tres campeonatos con los San Antonio Spurs. Por su parte, Delfino -elegido por los Detroit Pistons en 2003 y traspasado a los Raptors en el verano de 2007- se conforma con ser considerado un legítimo jugador de la NBA, algo que recién logró con el traslado a Toronto.

"No fue fácil en Detroit", confiesa. "El equipo acababa de ganar un anillo [los Pistons se consagraron campeones de la NBA en 2003-04] y no me daban mucho tiempo en la cancha". Delfino no era el único jugador de Detroit con problemas de adaptación. Darko Milicic, un talentoso serbio que mide siete pies, había sido elegido por los Pistons con la segunda selección del mismo draft, antes que Carmelo Anthony y Dwyane Wade. Pero Milicic casi nunca abandonó la banca durante sus dos años y medio con los Pistons, y ahora juega con los Memphis Grizzlies. "A veces es difícil que te den una oportunidad", dice Delfino. "Lo importante es aprovecharla cuando te la dan".

Eso es precisamente lo que hizo Delfino, comodín indispensable para Toronto y candidato a ganar el premio al mejor sexto hombre del año. Si los Raptors necesitan que Delfino tire, ahí está el Cabezón, encestando. Si necesitan que dé asistencias, encuentra al compañero mejor ubicado. También baja rebotes, hace cortinas que libran a sus compañeros, y suele defender contra el mejor anotador del rival. "La defensa es más actitud que aptitud", dice. No obstante, la estrella del equipo, Chris Bosh, destaca su técnica para marcar. "Carlos sabe que, para defender bien, no hay que dejar los pies plantados", dice Bosh. Los números de Delfino reflejan su versatilidad: 9.1 puntos por partido, 4.60 rebotes, 1.7 asistencias y 1.02 robos hasta el 24 de enero, cuando los Raptors ocupaban el segundo lugar en la División Atlántica con 23 victorias y 19 derrotas.

"Ahora mismo no quiero imaginarme dónde estaríamos sin Carlos", dice el entrenador de los Raptors, Sam Mitchell, nombrado mejor coach de 2007. "En los juegos en que emboca sus tiros se hace muy, pero muy difícil sacarlo de la cancha".

Mitchell admite, sin embargo, que le tomó un tiempo darle minutos a Delfino. A lo largo de su carrera de 13 años como jugador en la NBA, Mitchell era un trabajador incansable, característica que inicialmente no vio en Delfino. "Siendo como soy, le decía a Carlos una y otra vez, 'Tienes que jugar más fuerte'. Pero finalmente comprendí que sí juega fuerte; sólo que a veces no pareciera. Carlos me enseñó una lección importante: no trates de proyectar en otro basquetbolista el jugador que tú fuiste".

"Tal vez sea por mi personalidad", dice Delfino. "Quizás soy demasiado tranquilo. Puede que tenga algo que ver con la barrera del idioma" -el inglés de Delfino, si bien tiene acento, es muy bueno- "pero sé que me importa mucho este deporte".

Es probable que a Delfino lo haya perjudicado su versatilidad. Cuando un jugador se suma a un equipo, el entrenador generalmente busca que se especialice en una faceta del juego: ¡salta de la banca para anotar desde el perímetro! ¡anula al mejor jugador contrario! Pero la principal habilidad de Delfino varía de partido en partido. "Trato de hacerlo todo bien", dice. Fue una lección que el Cabezón aprendió de su padre.

Santa fe, una ciudad de medio millón de habitantes y capital de la provincia del mismo nombre, se encuentra en el nordeste de Argentina, entre dos grandes ríos, el Paraná y el Salado. Si bien es vulnerable a las inundaciones -100,000 personas debieron ser evacuadas en 2003-, Santa Fe es el centro comercial de una zona rica en agricultura y. . . básquetbol. Andrés Nocioni, el ala-pívot de los Chicago Bulls, también es santafesino y llegó a jugar en Unión de Santo Tomé, el club donde se formó Delfino y uno de los 18 equipos de baloncesto de la provincia.

Carlos Gustavo Delfino no llegó a ser tan conocido como su hijo. Fue un alero de la liga nacional de básquet argentina cuya carrera llegó a su fin cuando el Cabezón tenía 15 años. "Mi papá era bastante fuerte, no tan alto", dice Delfino. "Un buen defensor, que en ataque se limitaba a cortinar. No necesitaba la pelota. Casi llega a la selección nacional a fines de los ochenta".

Cuando dejó de jugar, Carlos Gustavo comenzó a entrenar juveniles en Santa Fe, y el Cabezón se cambió al equipo de su papá para que éste puliera su técnica. En ese sentido, lo último que quería Carlos Gustavo era que el hijo se pareciera al padre. "Muchas veces yo era uno de los más grandes en la cancha, pero mi papá me quería en el perímetro, manejando la pelota y tirando, participando en todos los aspectos del juego", dice Delfino. "Me alegro que lo haya hecho".

Hoy en día su padre sigue siendo su entrenador de facto. Después de cada partido de los Raptors, Delfino busca su celular y lee el mensaje de texto con las opiniones y sugerencias de su papá, que desde Argentina siguió el juego por televisión o internet.

Carlos Gustavo también supo sacarle provecho al hijo fuera de la cancha, empleándolo para el servicio de transporte que estableció una vez terminada su carrera como jugador. "Mi papá llevaba a chicos a la escuela, a empresarios al aeropuerto, a equipos juveniles a los partidos", recuerda Delfino. "Siempre pasaba algo con una de las tres furgonetas. Yo me levantaba a las 6 de la mañana y terminaba debajo del capó, cambiando el aceite, rotando los neumáticos, lo que sea. Mi abuelo siempre fue un hombre hábil para todo, y gracias a él y a ese trabajo aprendí a hacer muchas cosas". Ahora Delfino muestra una sonrisa amplia. "Pero cuando mi esposa, Martina, me pide que arregle algo en la casa, le digo que no sé hacerlo, ¡sabe que no es verdad!".

Cuando los buscadores de talento del Reggio Calabria de la liga italiana viajaron a Brasil en 1999 para presenciar los Panamericanos Sub-21, andaban buscando un hombre hábil para todo. Ginóbili ya se había hecho fama en Calabria como uno de los mejores jugadores de Europa, y el club vio en Delfino a otro argentino multitalentoso. El sueño de Delfino había sido jugar básquet en una universidad estadounidense y llegar por esa vía a la NBA, pero no le había salido la visa. Delfino aceptó la oferta del Calabria en 2000. En esa época, Ginóbili ya jugaba en otro equipo italiano, el Kinder Bologna. Delfino pasó dos temporadas en Calabria, y luego también se mudó a la ciudad de Bologna para jugar en el Fortitudo Skipper. Manu, por su parte, ya brillaba en la NBA.

Ineludiblemente hubo comparaciones. "Por supuesto a mí me consideraban 'el sucesor de Ginóbili' ", dice Delfino, "especialmente cuando fui al Bologna. Pero no lo hice para seguir a Manu. Lo respeto, pero simplemente así salieron las cosas. Y es gracioso que siempre nos comparen, ya que para mí no tenemos un juego parecido. Él ataca más el aro, siempre busca anotar. Basa su juego en la energía y lo impredecible que es. Yo soy más jugador de equipo, y busco cumplir con las necesidades que tenemos en cada partido".

Ginóbili está de acuerdo. "No somos similares", dice la estrella de los Spurs, "pero cuando él llegó a Italia lo llamaban El Nuevo Ginóbili. Es algo que no pudo evitar, y no creo que le guste" -efectivamente, a Delfino no le gusta que lo comparen con Manu- "pero como tuvimos la misma trayectoria, simplemente se dio así".

Delfino fue la selección 25 del draft 2003, pero el santafesino prefirió quedarse una temporada más en Bologna en vez de unirse inmediatamente al plantel de Detroit. Fue la mejor decisión que pudo haber tomado. La segunda mitad de 2004 fue la más electrizante de su vida. En primer lugar fue convocado a la Selección Argentina, lo que le dio la oportunidad de conocer de cerca a su ídolo, Hugo Sconochini, el jugador gaucho más conocido antes de la aparición de Ginóbili. "Le hablaba, lo observaba y aprendí de él todos los días", dice Delfino. Aquel seleccionado argentino -repleto de jugadores que ya estaban o pronto llegarían a la NBA (Ginóbili, Delfino, Nocioni, Fabricio Oberto, Luis Scola, Walter Hermann)- fue la sensación de los Juegos y ganó la presea dorada. "Para ese entonces, Manu era el jugador más famoso, porque había ganado campeonatos en la NBA", dice Delfino, "pero para mí lo más grande era estar todos los días con Hugo. La medalla de oro, el orgullo de representar a tu país, convivir con tu ídolo. . . Qué más se puede pedir". Sconochini se retiró después de las Olimpíadas y Delfino heredó su camiseta número 10 en la selección, aunque use el 20 en la NBA.

Consagrado en los Juegos Olímpicos, Delfino estaba listo para la NBA, pero Detroit no estaba listo para él. La prioridad la tenían el alero Tayshaun Prince y el escolta Rip Hamilton, quienes relegaron al santafesino a la banca. Después de dos deslucidas temporadas, Delfino al fin pudo contribuir durante su tercer año en Detroit al participar en los 82 juegos de la fase regular. Pero aun así sólo promedió 5.2 puntos, y estaba escrito que no iba a triunfar con los Pistons. Por ello, Delfino se alegró cuando, inmediatamente después de la campaña 2006-07, el gerente general de los Raptors, Bryan Colangelo, lo consiguió a cambio de dos selecciones de segunda ronda del draft.

"Obviamente no se pudo ver al verdadero Carlos cuando estaba con Detroit, porque no le daban minutos", dice Colangelo. "Pero no me sorprende lo que está haciendo aquí". Delfino se convertirá en agente libre al final de esta temporada, aunque la intención de Colangelo es retenerlo.

Delfino quiere quedarse, pues ha encontrado su rol con los Raptors y un ambiente agradable en Toronto. "Es una ciudad para caminar, y eso es a lo que estamos acostumbrados con Martina", dice. "No veías a nadie caminando en los suburbios de Detroit". Carlos y Martina destacan como una pareja atractiva en las calles de esta ciudad cosmopolita. El santafesino es uno de los mayores rompecorazones de la NBA, y Martina tiene una belleza italiana clásica. No obstante, Delfino se siente un muchacho más de Santa Fe. Fue precisamente en las afueras de su ciudad natal que construyó una quinta, La Rosada, pintada enteramente de ese color. Cada verano boreal, cuando regresa a su país con Martina, se queda en la casa de sus padres y deja La Rosada para los fines de semana, invitando a familiares y amigos a comer asados y tomar mate. Durante la semana, Delfino regresa al gimnasio donde aprendió a jugar al básquet, y donde ahora sobresale su hermano menor, Lucio, de 10 años. También aprovecha para estar con su hija Milagros, de 6, que vive en Santa Fe con su madre, una ex novia del basquetbolista.

"Estoy viviendo un sueño: estar en la NBA y jugar para un buen equipo", dice Delfino. "Pero en el fondo de mi corazón, nunca me he ido de este lugar".

2008-02-12 15:54:39

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